La clase media

Fragmento publicado originalmente en un artículo de Roland Schacht, titulado “Verteidigung des Schiebers” – “En defensa de los especuladores”- y publicado en Die Weltbühne (14-XII-1922). Sólo incluyo mi propia traducción al castellano de la cita en inglés (véase referencia al final de la cita):

Ahora decís que el Schieber [Especulador] es ignorante. Sí, yo sólo estudié hasta el instituto. ¿Por qué los universitarios (…) no mejoran también los institutos? Cuando veo la calaña de cabezas huecas que son la mayoría de universitarios y como se dejan llevar  por sus periódicos, sus políticos, sus burócratas, ¿creen que me dan envidia? No me tomen el pelo. Yo conozco mi negocio al detalle y, si me preguntan, yo puedo decir la mía. El resto no es asunto mío. ¿Los especialistas académicos? No se ponen de acuerdo ni entre ellos. Si no mirad las tonterías que los economistas, esos imbéciles, decían durante la guerra. ¿Actividad intelectual? No todos podemos ser activos intelectualmente. Además, ¿usted no lleva su negocio también gracias a su actividad intelectual?

(Citado en Gerald D. Feldman, The Great Disorder: Politics, Economics, and Society in the German Inflation 1914-1924, p. 554. Oxford: Oxford University Press, 1997 2ª edición).

Dicho artículo era una representación satírica de la mentalidad de lo que en Alemania, en plena deriva hiperinfalacionista, entonces se culpaba de todos los males sociales del país y que entre la opinión pública del momento se resumía en la acelerada proletarización de la clase media alemana. Y por extensión también se culpaba de esta situación a la República, surgida de la Revolución de noviembre de 1918, pues el nuevo régimen no era capaz de poner coto a las demandas de los obreros y dejaba desprotegida a la clase media ante la voracidad de los especuladores y del gran capital. Que los principales responsables de dicha situación, con su nefasta política económica para sostener el esfuerzo bélico durante la Gran Guerra y, para más inri, su irresponsabilidad manifiesta tanto para llevar Alemania primero a la guerra y luego a la derrota fuesen, precisamente, las anteriores élites gobernantes del Kaiserreich que integraban las filas del opositor y antirrepublicano Partido Nacionalista Popular Alemán – DNVP, en sus siglas en alemán – era cuestión que la mayoría tendía pasar por alto.

Pero entendiendo el fragmento citado en su contexto, vale la pena observar cuáles eran y son los tópicos en boga entre los integrantes de la clase media de toda sociedad capitalista y que son reflejo de la jerarquización inherente a este modelo socioeconómico. Por una parte, los rasgos inherentes de su estatus serían su formación superior y su dedicación exclusiva a trabajos intelectuales, obtenidos gracias a sus méritos personales, que les ofrece un nivel de renta que les permitiría disfrutar de un estilo de vida acomodado. A su vez, este estilo de vida se definiría en gran medida por el consumo de productos culturales de alta calidad, ya sean el teatro, el cine, libros, etcétera.

Pero, sobretodo, la formación de toda identidad se fundamenta en el contraste contra “el Otro”, como bien describió Edward Said. Por una parte, por debajo se encontrarían los obreros o trabajadores manuales quiénes por definición y debido a sus limitaciones intelectuales, no consumen los productos culturales refinados que sí gustan en la clase media. Y por otra parte, por arriba tendrían a la burguesía, individuos advenedizos que se caracterizan por su nulo interés en las artes y la alta cultura, buscando en cambio sólo enriquecerse aún más.

Como ya hemos dicho, esto no son otra cosa si no meros tópicos, pues el desempeño de un trabajo determinado no nos habla de las capacidades de un individuo determinado si no, más bien, de su actual circunstancia. Por otro lado, resulta de lo más cuestionable tratar de restar dignidad al trabajo manual, actitud más bien rancia y que sólo busca alimentar el ego personal al margen de todo fundamento empírico. Y respecto a la burguesía, resulta un tanto ridícula una generalización de este tipo cuando el burgués suele mostrar los mismos gustos en el consumo de productos de lujo que la clase media, pues sus gustos y valores son los hegemónicos en las sociedades capitalistas. Pero, sobretodo, resulta un tópico el considerar que la meritocracia justifica el estatus de la clase media cuando se constata, en el día a día y antes y ahora, que el enchufismo y el nepotismo son prácticas de lo más habituales en toda sociedad capitalista y liberal, tal y como exponía en una obra reciente el politólogo británico Owen Jones.

En esta línea, resulta interesante observar como se reproducen los mismos discursos, tanto en la actualidad como en la Alemania de la década de 1920, de las clases medias que ven minada su base económica al ver disminuir su nivel de renta y, por tanto, su acceso al consumo al tipo de productos culturales que señalizan su estatus social. Por un lado, se reproducen las mismas denuncias contra el capital carroñero que se alimenta de la ruina de su patrimonio. Y, a su vez, también se reproducen los mismos discursos, a medio camino entre el desdén y el resentimiento, contra aquellos trabajadores manuales que logran mejorar su nivel de renta, ya sea gracias a su superior capacidad organizativa, como es en el caso de los obreros industriales; o ya sea porque la coyuntura económica del momento concreto valora al alza su fuerza de trabajo en un determinado sector, siendo un caso paradigmático el sector de la construcción en España durante la burbuja inmobiliaria que floreció hasta el año 2008, durante el cuál los trabajadores en dicho sector obtenían renumeraciones relativamente generosas.

A modo de conclusión, resulta también de interés remarcar que fue precisamente esa clase media alemana proletarizada quién dotó, en modo muy sustancial, al Partido Nazi de los cuadros precisos para conformar el Tercer Reich.

Der Schieber (“El Especulador”), 1920. Heinrich Maria Davringhausen (1894-1970). Kuntsmuseum de Düsseldorf im Ehrenhof.

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